LA TARANTULA - ALGUNOS KASOS DE USURPACION O PLAGIO MENOR

Aka les dejo un par de textos ke sake de un blog... al final les dejo la direccion.

La verdad ke el tipo es muy bueno.. o al menos asi lo siento,, son textos largos pero valen la pena.. asi ke kuando no tengan mucha idea de ke hacer pueden ponerse a leerlos.. http://kotidianeidad.blogdiario.com/admin/archivos/rolleyes.gif  ..  suerte

 

 

 

 

 

Martes 12 de Julio, 2005
La tarantula

Estamos en 1980. Tengo nueve años y soy adicto a las figuritas Reino Animal. Si llenás el álbum te ganás una pelota de cuero. Yo quiero esa pelota, con gajos negros y blancos, que está colgada en la vidriera del kiosco Pisoni. Por eso compro figuritas. Compulsivamente. Cada billete que llega a mis manos, cada moneda, voy y compro paquetes de cinco figuritas. Los abro con nervios, porque me falta solamente una, la 64. Me falta la tarántula. Nombre científico, eurypelma californica.

Tengo todo el álbum lleno menos ésa. La tarántula. A la noche no puedo dormir porque me carcome el deseo arácnido. Nomás me calmo con el ruidito que hago cuando raspo los dientes de arriba contra los de abajo. Pero cuando al final me duermo sueño con la tarántula. Sueño que abro un paquete y que ahí está. Peluda.

En la vida de todos los días cambio mis costumbres. De golpe y porrazo quiero ir a hacer los mandados siempre yo, para quedarme con el vuelto. Olfateo la presencia de la plata, la necesito para comprar figuritas. Mi mamá le dice a mi papá, por ejemplo:

—Roberto, andá acá enfrente y compráme un calditos knor.

—¡Voy yo! —grito— ¡Dejá que voy yo, que papá está ocupado!

Todos están felices con mi nueva personalidad. Empiezo a ser el hijo que habían soñado tener. Cuando no hay nada que comprar en casa, me voy a lo de mi abuela Chola y le toco el timbre con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Querés que te haga los mandados, abuela Chola?

Si me pide un kilo de pan, le compro tres cuartos. Si me pide leche, le compro La Vascongada que es más barata. Me quedo con las monedas; me compro figuritas. Y así muchos días. Pero la tarántula no aparece.

Al tiempo, además, me voy poniendo flaco. Es normal, porque hace más de un mes que no pruebo un sugus, ni un jack, ni una mielcita, ni una gallinita, ni un chicle jirafa. Nada. Todo lo que tengo me lo gasto en figuritas. Compro de a cuatro, de a seis paquetes. El kiosquero Pisoni se está construyendo la pieza de arriba gracias a mí.

A la tarde me encierro y doy vuelta las páginas del álbum. Están todas pegoteadas de plasticola, todos los agujeros llenos, menos uno. Voy pasando las hojas que están completas completas y sonrío triunfal. La mayoría de las figuritas tiene una historia: la cebra me la gané al chupi en el recreo, el ornitorrinco me lo regaló mi primo el de San Isidro, la anguila eléctrica se la afané a Sebastián cuando se durmió. Miro el álbum con orgullo, hasta que llego a la hoja que me avergüenza. La hoja 22, donde hay un hueco que dice: "Nº 64. La tarántula (eurypelma californica)".

Un fin de semana por medio vamos a San Isidro a visitar a mis abuelos ricos. Me gusta ir, me gusta muchísimo ir porque me dan plata. Pero no la plata común que existe en Mercedes. Me dan billetes que acá no hay, como por ejemplo un verde. El año pasado que tomé la comunión, me dieron un rojo, que mi papá no lo había visto nunca. Acá en Mercedes solamente te dan monedas, y si te sacás un sobresaliente con signo te dan un marrón.

Con un marrón te comprás cuatro paquetes. Pero con un verde te comprás veinte paquetes. Es decir, cien figuritas. Mi sueño es tener un rojo y gastármelo de golpe en cuarenta paquetes. Eso es doscientas figuritas. Pienso que si te comprás doscientas figuritas, así de golpe, te tiene que aparecer la tarántula, por lo menos cuatro veces.

Cuando volvemos de San Isidro vengo en el auto apretando un verde que me dio mi abuelo rico. Paramos en la casa de unos amigos que viven en la ruta. El hijo, Sebastián, me dice que el mayor de los Zanotti, que vive al lado, se sacó la tarántula dos veces. Me lo dice con los ojos grandes, porque es lo más importante que le pasó en la vida. No al de Zanotti, a Sebastián.

—¿De verdad se la sacó dos veces?

—Sï. Y con una llenó el álbum y ya tiene la pelota de cuero.

—¿Y con la otra qué hizo?

—A la otra la vende.

—¿Qué pide?

—Pide dos rojos. Pero si sos una chica, pide que le mostrés la concha.

Yo no tengo ni concha ni dos rojos, así que me vuelvo a casa odiando al de Zanotti. Pero pensando que es posible, que la tarántula existe. Que no es un invento para que compres figuritas, como dice mi papá. Ese dato, que alguien de Mercedes se sacó la tarántula, me vuelve mucho más cumpulsivo.

Al otro día respiro hondo y me gasto el verde entero en figuritas. Pisoni, el kiosquero, me quiere a mí más que a la esposa. Incluso me deja ver al trasluz los paquetes antes de comprarlos. Pero no se ve nada. No se ve un carajo al trasluz. Por el camino voy abriendo los paquetes que me compré y voy diciendo en voz baja la tengo, la tengo, la tengo, la tengo, la tengo, la tengo.... Me dejo tres paquetes sin abrir, para después de comer. De esa manera sigo teniendo algo por lo que vivir.

Ceno sin pensar, sin disfrutar, sin levantar los ojos del plato. Me preguntan qué me pasa. No contesto. Antes del postre me voy a la pieza y abro los paquetes que me faltan. La jirafa puta aparece siempre. Estoy harto de ver la jirafa. También sale la boa. Y la figurita que más odio de todas las repetidas es el cienpié, porque cuando la vas sacando de a poquito, cuando vas orejeando para darle suspenso, te da la sensación óptica de que es la tarántula. Entonces el corazón te empieza a latir fuerte, pero enseguida sale entera y es el cienpié. La tengo repetida cuarenta veces al cienpié. Pero de la tarántula, otra vez, no hay noticias.

A la mañana del otro día mi mamá me pregunta qué pienso hacer con la plata que me dio mi abuelo en San Isidro. Me dice "qué te parece si te compramos unas zapatillas en El Revoltoso". Le digo que me parece muy bien, pero que la plata se me acabó.

Mi mamá se pone a llorar. Siempre llora cuando menos te la esperás. También te pega cuando menos te la esperás. Cuando te pega es porque te mandaste una cagada normal. Pero cuando directamente llora, es porque te mandaste una cagada gigante. Me dice que soy un imbécil, empieza a buscar el álbum del Reino Animal para romperlo. Me dice que la tengo recontra podrida.

—¿Cómo te vas a gastar cincuenta mil pesos en figuritas, anormal? —me dice llorando— ¿Vos sabés cuánto gana tu padre?

Cuando mi mamá llora está más o menos tranquila porque se preocupa de llorar y de que no se le vaya la pintura. Pero cuando para de llorar empieza a acordarse de por qué la hiciste llorar, y ahí lo mejor es que te escondás porque no te faja despacio. Te faja a lo loco. A lo loco es cuando te faja repitiendo la misma frase mientras te va pegando:

—¿Vos sabés (zácate) cuánto gana (zácate) tu padre (zácate)? —así te pega Chichita, y va repitiendo el ritmo: sujeto - chancletazo, predicado - sopapo, objeto directo - chancletazo. Y no te queda otra que hacerte un bollo y esperar que se le acabe la bronca, que es más o menos en el estribillo catorce.

Al final me voy a llorar a la pieza. Lloro un poco porque me duele, pero más que nada porque es medio humillante que te pegue una mujer. Yo tengo un par de amigos que les pega el padre, y me parece más sensato. Ellos dicen que no, que yo lo que tengo es suerte, y me muestran las marcas.

En casa mi papá no me pega nunca. Lo que hace es venir a la pieza después de que me pega mi mamá. Viene y trata de explicarme de por qué me fajaron. Lo hace medio en voz baja, porque le da miedo de que mi mamá también lo faje a él:

—Un poco tiene de razón —me dice—. No podés gastarte tanta plata en boludeces.

—No son boludeces, son figuritas —hablar llorando es dificilísimo, porque tenés que estar boca abajo y la almohada mojada te hace como un eco y parece la voz de Carozo, el de Narizota.

—Te podés comprar un paquete, dos paquetes —dice mi papá, que es contador—, lo demás lo tenés que ahorrar. En la libreta de ahorro no tenés nada.

—Me falta una sola —digo llorando—, la tarántula...

—Con más razón. Cuanto menos figuritas te faltan, las posibilidades de que te salga la que querés es menor.

—¡Por eso compro muchos paquetes! —le digo a la mitad de un puchero— ¿Te pensás que soy tarado?

—¿No te das cuenta de que con la plata que te gastaste en figuritas te podrías haber comprado dos pelotas de cuero por semana?

Me doy vuelta. Tengo los ojos en compota. Me lo quedo mirando como si fuera tonto. Él. Como si él fuera tonto. Y ahí me doy cuenta de que mi papá es contador y todo lo que quieras, pero no tiene la menor idea de lo que significa juntar figuritas.

A las dos semanas de la paliza, medio mundo tiene la tarántula en todo Mercedes. Yo también. De golpe la tarántula está en todos los paquetes. Yo me la saqué en uno que compré de casualidad en lo de Pisoni. Llené el álbum a los pedos y lo canjeé por la pelota. A la tarde nos pusimos a jugar con Sebastián a la cabeceada, se nos escapó la pelota a la ruta y la reventó un escania. La pelota hizo un ruido buenísimo cuando explotó.

Al otro día salió el álbum del Reino Vegetal. Ahí la difícil era el helecho. Nombre científico, nephrolepis exaltata.

 

 

 

 

 

 

Jueves 05 de Enero, 2006
Algunos casos de usurpación o plagio menor

Más o menos una vez por semana recibo correos de lectores que me informan que han visto textos míos firmados por otros, o no firmados pero sí apropiados por terceros. Hay, en esto, dos hechos que me regocijan: el primero es que los informantes se me presentan enojadísimos, es decir, que sienten tan propios esos textos que les causa irritación verlos en otras manos; y el segundo hecho reconfortante es que el plagio menor, en sí mismo, es una forma analfabeta y torpe del homenaje.

Me confiesa, por ejemplo, el lector Dish en un correo de hace algunos meses:


“(...) me jode tener que encontrarme tus textos en la red con otros nombres. No soporto verte descaradamente retocado, literalmente fusilado, ya sea en web como en foros. Salí en tu defensa en varias ocasiones dejando con el culo al aire y en ridículo a quien se lo merecía. Esta situación me hace sentir para la mierda, y no me gusta.”


En general suelo responder estos correos aconsejando a los lectores dolidos que no se hagan mala sangre, que el hecho no reviste demasiada importancia, porque (también por lo general) los usurpadores de textos suelen ser adolescentes que colaboran en foros de Internet, o personas mayores pero amateurs, que no cometen más delito que desear saber —por un rato— qué repercusión tendría, en su ámbito, un texto propio que les ha gustado.

Quiero decir con esto que no siento que me hayan usurpado ni robado en un sentido estricto o comercial, sino que sospecho que han colocado sus nombres al pie de un párrafo ajeno, para ver qué se siente, qué sensación produce verse representado por esas ideas.

Intentaré explicar mi postura con un ejemplo más claro. Imaginemos que hay un monedero que contiene un billete de cincuenta dólares y un DNI. El ladrón malo lo abre, saca el billete y se va. En cambio el ladrón bueno, o el ladronzuelo soñador, quita el DNI ajeno, pone el propio, y se queda mirando qué se siente ser poseedor de cincuenta dólares. Quizás también hace un poco de alarde entre sus amigos, pero al final de la tarde deja el monedero y el billete en su sitio. Éste no es un ladrón peligroso, es un gilún, y no merece castigo ni juicio alguno.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte he comenzado a recibir informes más serios, en donde la usurpación de textos provenía de profesionales, es decir, de personas que trabajan diariamente con las ideas y viven de ello, como yo mismo. Supe, por ejemplo, que un presentador de radio argentino llamado Beto Casella y supuestamente humorista (no lo digo con ironía ni con segundas intenciones, sino porque desconozco su rubro), había publicado en su web personal dos textos de Orsai, íntegros, omitiendo el autor y la fuente o, lo que es lo mismo, dando a entender que eran propios.

Aquí ya la cosa cambia porque, a pesar de la cara de gilún del usurpador, no se trata estrictamente de un gilún, ni de un despistado, ni de un adolescente que me está homenajeando sin saberlo, ni de un amateur. Sobre todo esto: no se trata de un amateur. Yo creo que aquí reside el punto de inflexión.

En este caso Beto Casella me estaba utilizando de guionista para sus proyectos comerciales o, como poco, para incrementar de algún modo su prestigio profesional. Y no está mal que lo haga; lo que está mal es que no me alerte, ni me pida permiso, ni me ofrezca recompensa a cambio, ni me permita un sí o un no sobre la potestad de mi propia obra.

Cuando ocurren hechos de este segundo calibre sí actúo. En aquel caso particular, hace un par de meses le escribí un correo aséptico, incluso ingenuo, al usurpador con cara de gilún:


Hola Beto, hay por lo menos dos artículos en betocasella.com.ar, éste y éste, que me pertenecen y se publicaron originalmente aquí y aquí. ¿Es posible que pusieras un link con la fuente original de cada uno de los textos y el nombre de su autor?
Muchas gracias, Hernán


Lo que ocurrió una semana más tarde fue bastante desolador: Beto Casella —o su webmaster, quién sabe— agregó una dirección al pie de cada artículo (una dirección que hay que copiar, no un enlace directo), no incluyó el nombre del autor del texto en ninguna parte y, lo que es realmente triste, nadie contestó jamás mi correo electrónico, ni para disculparse ni para echarle la culpa a un tercero, que es lo que siempre se suele hacer. Nada. La desidia absoluta. Mala cosa.

Hubo otro caso que me llamó muchísimo la atención, más cercano en el tiempo, que ocurrió el mes pasado y me fue alertado por el lector Ezequiel Baum. El artículo editorial de las páginas 11 y 12 de la revista argentina MDQMag (núm. 34, noviembre 2005) le ofrecía a sus lectores el siguiente contenido que, al ser editorial, no lleva firma porque se entiende que pertenece al director o jefe de redacción:



En este caso, la verdad, me quedé bastante pasmado por varios motivos. El primero la alevosía de la usurpación, claro. Pero más que nada me molestó la incomprensible fractura argumental de mi artículo España, decí alpiste. Lo habían rebajado a copete, a entradilla, a anécdota superficial. Imagino que se trata de una de estas revistas modernas para adolescentes vacíos, en donde los editores le tienen pánico a poner demasiadas letras, pues sospechan que todo se soluciona con un diseño juvenil y muchos blancos. No lo sé. Y al no saber, tampoco me quedaba claro cómo actuar al respecto.

Dejé pasar un mes sin hacer nada, y el 1º de enero envié al director de la revista, Pablo Santillán, una tarjeta de año nuevo como imagino que le gustan: con poco texto, un poco de diseño vanguardista y mucho aire:


Feliz
año nuevo
para todo el staff de la
revista y mis más profundos deseos
de que en este 2006 que comienza puedan
seguir usando textos ajenos sin citar la fuente
ni avisarle
al autor
ni pedir
permiso,
Hernán


En este caso, y al contrario que con el enmudecido Beto Casella, la respuesta fue bastante rápida, espontánea y, digamos, un poco naïf.

El director de la revista MDQMag se me presentó por mail como un muchacho realmente inexperto, una especie de recién llegado al mundo editorial que debía cargar sin saber cómo con una revista profesional al hombro, y no denotaba mala intención sino que parecía únicamente vivir adentro de un tarro de mayonesa:


Hola Hernán,
la verdad que lo sacamos de un mail que nos mandó un amigo de españa, disculpanos por usarlo sin avisarte, pero no sabíamos quién lo había escrito, si lo hiciste vos te felicitamos porque esta genial, y te prometemos que para la próxima revista lo vamos a citar en una fe de erratas, si tenés mas de esos mandalos que los publicamos, porque nos encantan, es más siempre estamos publicando notas de lectores. Hernan, espero que te haya quedado aclarado y que aceptes nuestras sinceras disculpas. Mandanos una dirección postal para enviarte revistas y una remera que le mandamos a los colaboradores, decinos el talle.
Un abrazo,
Pablo Santillán.


La impresión que me quedó, despues de leer este correo, que está fechado ayer 4 de enero, fue muy extraña. Algunas frases, como por ejemplo “te felicitamos porque está genial”, y esta otra: “si tenés más de ésos mandalos” y sobre todo ésta: “siempre estamos publicando notas de lectores”, me generaron la ilusión óptica de que yo les había enviado a ellos algo en mi condición de lector fanático de MDQMag, que ellos valoraban mi esfuerzo, que estaban evaluando publicar mis textos y que me querían regalar un poco de ropa.

Repentinamente, la rabia que me había provocado ver el plagio en la revista desapareció. Ahora lo que sentía era una especie de compasión o tristeza. Compasión no por Pablo Santillán, sino por la calidad de los directores de medios gráficos en Argentina, si Pablo Santillán era uno de ellos. Le respondí, ya no como un autor enrabietado, sino como un padre, tutor o maestro de escuela primaria:


Hola Pablo, como imagino que sos inexperto en medios gráficos (prefiero tomarte por boludo que no por ladrón) es hora de que conozcas una manera eficaz de descubrir la fuente de un texto 'que me llegó por mail y me gustó' . Es fácil, anotá:

1. Agarrás una frase representativa del texto (ej: "españa dulce de leche perdiste"), 2. la ponés encomillada en Google, 3. apretás un botón que dice buscar, 4. y por arte de magia te enterás quién es el autor.

A veces tenés suerte y no aparece ningún autor (por ejemplo en la búsqueda: "chistes verdes jaimito"), entonces podés usar libremente chistes de jaimito en tu revista, aunque lo aconsejable siempre es que publiques textos originales redactados por tu staff. Y otras veces no tenés suerte y el texto le pertenece a alguien, y no podés usarlo en un medio gráfico sin pagarle por su trabajo o por lo menos pedirle permiso para la cesión de los derechos. De lo contrario, un mal día te encontrarás con un autor oportunista que posee un abogado aún más oportunista, y te terminarán sacando plata por culpa de tu ingenuidad.

Pero como de verdad creo que sos un pelotudo y no un ladrón, este mail queda solamente en el consejo de que la próxima vez uses Google para contrastar las fuentes de cualquier cosa que publiques.

Un abrazo,
Hernán

PD: Mi talle es XXL


Supongo que en todos los casos de usurpación o plagio menor, siempre es necesario evaluar (aún a riesgo de equivocarse o de que te engañen) las características del usurpador antes de poner el grito en el cielo. Instalarse en sus zapatos, quiero decir; indagar en la esencia del delito, en el ámbito del pequeño fraude y en aquello que los abogados llaman ‘dolo’ en su segunda acepción.

Hay una gran diferencia, creo yo, entre la distracción amateur y el desafío compadrito, entre la inexperiencia bebé del que pide perdón y retracta, y la deshonestidad profesional silenciosa. Hay, sin duda, una enorme distancia moral entre el ingenuo Pablo Santillán y el malavenido Beto Casella; entre el que está comenzando y puede aprender de los errores y aquel otro que, ya de vuelta de su oficio y agotado, prefiere hundirse en la mediocridad sin rebajarse siquiera a una disculpa privada.

 

http://www.orsai.es/

UNO DE ESOS DIAS...

Nunka tuvieron uno de esos "dias de mierda" ?... ke tus viejos te dicen "tenemos ke hablar", te peleaste kon un par de flakas, no tenes nada interesante ke hacer, andas mal kon el mundo, no tenes ni una monedita para irte a la mierda... en fin..  uno o unos de esos dias en ke todo te sale mal y ke aunke le pongas toda la onda no la podes pasar bien... lo ke me preguntaba es si soy yo ke estoy haciendo todo mal o no es nada raro...  porke la verdad no es para nada divertido...

No kiero hacer un posteo muy largo.. pero tenia ganas de aunke sea eskribir un par de palabras.. hasta kansarme (y no soy de mucho aguante) ...

Kiero ke sepan ke no son los unikos ke se sienten asi y ke seguro yo tampoko... para ke vean ke kuando kieren los dias nos kagan a todos por igual.. o mas o menos..

 

 

me rajo...  suerte      //V.K21//

EL KOMIENZO

Aka estamos komenzando un nuevo blog, komo ya habran notado. El proposito es usar este espacio para la produccion de textos originales (salvo excepciones) sobre situaciones de la vida kotidiana ke se me fueron dando en estos recientes años, meses, semanas o dias. No me voy a introducir demasiado en la descripcion de los hechos, sino ke voy a redactar algo asi komo una opinion sobre ellos.
Una de las pautas para este blog ke me interesaria ke se respete trata sobre la utilidad del mismo.,, esto no es un fotolog, y seria muy distinto a uno de no ser porke aka tambien se pueden dejar komentarios. A donde trato de llegar, es a ke no pretendo ke dejen comentarios sobre el o la autora de los textos, sino sobre el texto o el blog en si, y sobre nada mas.

Sin (por ahora) mas, los saludo...


SUERTE // V.K21 //

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